El Obispo Hugo Nicolás Bárbaro brindo un mensaje a los sacerdotes, fieles católicos, y a todo el pueblo de la Diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco

Sáenz Peña │El Obispo Hugo Nicolás Bárbaro de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, en una misiva expresó su mensaje a los sacerdotes, fieles católicos, y a todo el pueblo de la Diócesis. “En la Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, 8 de mayo de 2018 En los últimos meses se ha desatado en nuestro país un debate sobre el aborto.
Es muy penoso que los seres humanos discutamos sobre la posibilidad de destruir una
vida humana. No es mi intención entrar a través de estas líneas en razones o
argumentos, hay abundantes sobre el valor de la vida desde la concepción; mi deseo es
invitar a todos a buscar el modo de formarse ideas sólidas sobre el tema para poder
iluminar eficazmente a otras personas en una materia tan importante, y por supuesto es
mi intención, en primer lugar, animarlos a rezar más por este asunto.
Cualquier mujer cuando se entera que está embarazada sabe que ya es madre,
que espera un hijo, que lleva dentro un ser humano distinto a ella misma que debe
custodiar hasta que sea viable fuera de su cuerpo. Esta convicción está presente en ella
aunque su maternidad sea fruto de violencia, no desee ese embarazo o se le informe que
está gestando un hijo enfermo. Resultan pobres y forzados los argumentos de quienes
procuran justificar la destrucción que supone todo aborto; otras posiciones son
claramente arbitrarias como quienes justifican el aborto decidiendo en qué semana del
embarazo llegaría a ser persona, como si antes ese embrión no fuera igualmente
humano. Sería muy bueno que unidos buscáramos soluciones superadoras, acordes a la
dignidad humana que exige el respeto absoluto a la vida, para ayudar a las mujeres en
dificultad por su embarazo.
Sabemos bien que al manifestar nuestra oposición al aborto no estamos
defendiendo un tema religioso, sino un asunto humano porque hace a la peculiaridad de
nuestra naturaleza. No queremos imponer nada a nadie, pero no queremos vivir en un
país con leyes inhumanas que justifiquen ni siquiera en algunos casos la destrucción de
una vida, con las consecuencias negativas que acarrearían esas leyes en las personas y
en la sociedad.
Como seres humanos defendemos la vida, y como católicos debemos rezar más
para que Dios Nuestro Señor ilumine al pueblo, y de modo particular a los legisladores
y a todos los dirigentes para que no favorezcan ni aprueben leyes que solo contribuirán
a un mayor sufrimiento de las mujeres y a una mayor degradación y corrupción de las
costumbres. Las leyes tienen que ayudar a que las personas y la sociedad se orienten
hacia el bien y hagan verdaderamente sanos y felices a los individuos, no puede ser justa
una ley inhumana.
Los invito a que en el mes de mayo en el que se celebran varias fiestas de la
Santísima Virgen María, y en junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús y del
Inmaculado Corazón de María, se prevean en parroquias y capillas momentos de
Adoración al Santísimo Sacramento y el rezo del Santo Rosario pidiendo al Señor por
intercesión de su Madre del Cielo por la defensa de la vida.
Este domingo 6 de mayo, antes de la oración que todos domingos dirige a la
Santísima Virgen María, el Papa Francisco dijo: la vida siempre debe ser protegida y
amada desde la concepción hasta su ocaso natural. Pidamos a Nuestra Madre Santa
María que conceda a las mujeres que pasan por una situación difícil como consecuencia
de un embarazo, por más grande que sea la dificultad dejen triunfar en sus corazones la
alegría de la maternidad, la de ser portadoras de vida.
Nos corresponde a todos, familiares y no familiares, la responsabilidad de
ayudar con humanidad, es decir con el cariño y la solidaridad que el caso merece, a las
mujeres que sufren por un embarazo, cualquiera sea la causa de su angustia. Que no
añadan a sus miedos y sufrimientos el de haber consentido la destrucción de una vida.
Es innegable la herida profunda que un aborto deja en el corazón de toda mujer; nada la
quita, solo les da paz la Misericordia Infinita de Dios que siempre perdona.
No podemos estar ausentes o distraídos. El momento nos empuja a asumir con
más decisión nuestra responsabilidad como ciudadanos de trabajar por un país mejor, en
este caso buscando que las leyes sean justas.
Pidamos a Nuestra Señora de Luján, Patrona de los Argentinos, hoy es su fiesta,
que en un tema tan importante para el presente y el futuro de nuestra Patria, ilumine a
todo el pueblo argentino, y de modo particular a quienes legislan y nos gobiernan.
Los saludo con todo afecto.
+Hugo Nicolás Barbaro

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