HOMILIA, DOMINGO I DE CUARESMA 22-02-2015

Homilía del Padre Carlos Merlo, DOMINGO I DE CUARESMA. 

“La oración colecta de éste 1º domingo de cuaresma clama a Dios acerca de que este sea un tiempo de conocer más el misterio de Cristo y que ese conocimiento ilumine de tal modo nuestras vidas provocando en ellas una adecuación con la de Cristo, ya que al fin y al cabo Él es el hombre perfecto.

Mientras que la 1ª y 2ª lectura poseen fuertes connotaciones bautismales. Mientras que en la 1ª el agua sirve para lavar la corrupción de la humanidad, y tras ese baño purificador Dios hace alianza con su pueblo. En tanto en la 2ª lectura el mismo apóstol San Pedro, el Primer Papa, hace una lectura alegórica del diluvio universal relacionándolo justamente con el bautismo. Éste último texto nos muestra que desde el mismo inicio de la Iglesia, desde los tiempos apostólicos, se hace legítimamente una lectura de las SSEE que no es literal como pretenden leer la Biblia algunos cristianos.

El trozo del Evangelio que acabamos de proclamar nos presenta las tentaciones que debió enfrentar nuestro Señor Jesucristo. San Marcos no nos describe en que consistieron esas tentaciones, solo nos dice que fue tentado antes de comenzar su ministerio público. Esos momentos fueron como una preparación para lo que debería enfrentar en el desarrollo de su misión mesiánica. Fue templado como se templa el acero porque su vida debía ser una espada de doble filo.

El Señor vive durante cuarenta días un combate espiritual que lo templa, que le da fortaleza, que lo prepara para enfrentar no solo los desafíos que ha de experimentar a lo largo del desarrollo de su misión, sino también para los ataques y tentaciones que enfrentará en su desarrollo. También  nosotros, si entendemos la vida como una vocación o sea como una misión, las adversidades, los combates espirituales y los desiertos que hemos de enfrentar en determinados momentos de la vida son una preparación para los momentos que hemos de vivir y las situaciones que nos tocará resolver.

Dice el Evangelio que el Espíritu llevó a Jesús al desierto donde fue tentado… También en determinados momentos de nuestras vidas Dios permite seamos llevados al desierto, o sea al lugar de la aparente muerte, donde parece que Dios no está, donde tenemos que enfrentar tentaciones de salir a buscar algo que nos sostenga, es en esas situaciones cuando el enemigo pone ante nosotros la tentación de suplantar a Dios por otras cosas o personas…

En el designio de Dios que todo lo conoce y todo lo ve, sabe de qué metal estamos hecho y para que nos ha destinado, cual es la misión a la que nos ha destinado, y permite cosas para templarnos como tiempla el acero para que cuando se nos exija no nos quebremos y por el contrario salgamos victoriosos. Si en ese proceso de forja torcemos el rumbo, sucumbimos a las tentaciones, no nos desesperemos, no pensemos en abandonar el camino; el herrero vuelve a meter el metal en la fragua, vuelve a calentarlo, vuelve a darle forma y una vez mas lo somete al proceso de templado para que salga una buena espada.

No nos desesperemos porque Dios ha hecho alianza con nosotros y Él mismo ha prometido estar con nosotros para siempre…”

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